La cultura de la sororidad

Yo también fui esa mujer. Esa que desconfiaba del éxito de otras mujeres, esa que no se extrañaba de ver todos los ámbitos de poder copados por hombres. Esa que buscaba ‘imperfecciones’ físicas ajenas para no sentirse inferior a otra. “Pues no es tan guapa, no sé lo que todo el mundo ve en ella”. Incluso cuando adquirí conciencia feminista, fui por un tiempo aquella que dijo que lo peor del machismo eran las mujeres que lo aceptaban y lo mantenían.

Hasta que un día me cansé. Me cansé de tener que odiar o desconfiar o atacar a otras mujeres, porque de eso va también el patriarcado. No digo que haya que suponer que una mujer es la mejor por el simple hecho de que sea mujer, sin ningún otro elemento a tomar en cuenta. Hablo del concepto de sororidad.

La sororidad es la práctica de la solidaridad y el respeto entre mujeres bajo la conciencia de pertenecer a un grupo común perjudicado por el patriarcado. Citando a Barbijaputa en uno de sus artículos en ‘eldiario.es’, la sororidad “busca formar una red de mujeres que consiga hacer de paraguas contra los ataques del patriarcado, que nos ayude a empoderarnos y a liberarnos, así la entiendo yo, una red de cuidados para protegernos a nosotras mismas, sí, pero también a las demás”.

A veces pienso que en un futuro ideal no tendrá apenas sentido etiquetarse como ‘género mujer’, al no ser esto más que un conjunto de características construidas socialmente y ligadas de forma artificial al sexo, es decir, a lo biológico. Me explico: el hecho de tener genitales femeninos y poder parir no significa automáticamente que te tengan que gustar los zapatos de tacón o el color rosa. No hay ningún vínculo real entre una cosa y la otra. En ese escenario, quizás no tenga que ser necesario un concepto como el de la sororidad, pero ahora mismo considero que sí.

Muchas identidades colectivas surgen de la opresión, como mecanismo para hacerse fuerte frente a un ataque. Esto es algo que cada vez veo más como reacción a los asesinatos machistas o las violaciones. Es el ‘si tocan a una, nos tocan a todas’ o el ‘ni una más, ni una menos’ que se gritan en las calles. Es la conciencia de que lo que le ha pasado a esa mujer no es porque ella hizo algo, porque tenía unas circunstancias muy específicas, sino que es algo que también te puede pasar a ti.

La sororidad como yo la concibo va mucho más allá, porque los asesinatos y las agresiones machistas sólo son la cúspide de todo un sistema que presiona y aplasta a las mujeres. También consiste en evitar esos pequeños gestos que mencioné al principio, incluso con mujeres que no se definen necesariamente como feministas. En estos casos prefiero utilizar un enfoque distinto, sin caer tampoco en el paternalismo (otro mecanismo que suele usar el patriarcado).

Todavía me queda mucho que aprender, todavía caigo a veces en actitudes que no favorecen un tipo de feminismo inclusivo. Pero seguiremos luchando, juntas.

9 comentarios en “La cultura de la sororidad

  1. Cada una, con nuestro pequeño aporte de cada día, podemos hacer una gran cadena de autoconfianza en nosotras mismas y en que el mundo gira también por nuestro esfuerzo, sea cual sea nuestro cometiddo en él. Una buena reflexión, me ha gustado mucho.

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  2. «una red de cuidados para protegernos a nosotras mismas, sí, pero también a las demás», maravilloso 🙂 tu entrada dice tanto de lo que deseo expresar, saludos!

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