La recomendación de enero: ‘La mano izquierda de la oscuridad’, de Ursula K. Le Guin

“Lo había intentado varias veces, pero mis esfuerzos concluían en un modo de mirar demasiado deliberado: un guedeniano me parecía entonces primero un hombre, y luego una mujer, y les asignaba así categorías del todo irrelevantes para ellos, y para mí fundamentales».

‘La mano izquierda de la oscuridad’. Ursula K. Le Guin

 

Quiero centrar la recomendación de este mes en la escritora Ursula K. Le Guin, que falleció el pasado 22 de enero. Se trata de una de las autoras que más ha contribuido a la ciencia ficción en las últimas décadas y una mujer que ha derribado barreras dentro de un género en el que principalmente se ha reconocido a los hombres.

En concreto, me gustaría hablar de ‘La mano izquierda de la oscuridad’, la primera novela que leí de Le Guin y una de las que más me ha impactado de ella. Para mí, ‘La mano izquierda de la oscuridad’ fue de esas obras en la que te acabas rindiendo ante la potencia de la idea pese a los fallos de traducción que había en la edición que leí. Y más teniendo en cuenta que fue una novela publicada en 1969.

La obra cuenta la historia de Genly Ai, un enviado al planeta Gueden cuya misión es la de convencer a los gobernantes de este mundo de que se unan a una alianza galáctica conocida como el Ekumenen. Ai, siendo un hombre básicamente terrestre, se encuentra una sociedad caracterizada por la ausencia de géneros.

Los habitantes de Gueden son hermafroditas en potencia, es decir, la mayor parte del tiempo carecen de un sexo biológico asignado, pero luego su fisiología puede convertirse indistintamente en la de un ‘macho’ o una ‘hembra’ durante un momento determinado de su ciclo sexual para luego retornar a la fase neutra, digamos. Por ese motivo, no existe la distinción entre lo ‘masculino’ y lo ‘femenino’ en el comportamiento social de los guedenianos.

El propio libro invita a reflexionar sobre si la ausencia de géneros es lo que motiva que en ese planeta no exista el concepto de ‘guerra’. Sin embargo, creo que la propia narración lo desmiente ya que sí existen los asesinatos, las conspiraciones políticas, los conflictos entre localidades e, incluso, se especula con la posibilidad de una escalada de la enemistad entre los dos principales países.

De hecho, parecen influir más otras características políticas (un país es una monarquía y otro una oligarquía burocrática), sociales o incluso climatológicas para explicar gran parte de los comportamientos de los habitantes de Gueden. Y, aún así, el propio enviado reconoce que las diferencias sexuales son las que más le cuesta asimilar.

En una primera lectura me llamó la atención la precipitación de Ai para juzgar determinadas características (muchas veces negativas) como ‘femeninas’. Pero, al fin y al cabo, el enviado es una representación de un hombre terrestre y la sociedad sin género de Gueden es una rareza incluso en ese universo donde el ser humano puebla varios mundos. Los mismos prejuicios pueden darse en el lector al intentar imaginarse al otro protagonista, Estraven, como algo diferente a un hombre.

Suelo leer ciencia ficción y este libro para mi ha destacado especialmente, pero también se lo recomendaría a las personas que no les gusta este género. Al fin y al cabo, lo que hace es poner un espejo en el que se reflejan nuestros prejuicios ante lo extraño, pero que también genera una reflexión sobre qué características pueden calificarse como inherentes a las sociedades humanas y cuáles no.

 

Imagen: Ursula K. Le Guin en 2015/ Win Goodbody 

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